¡Oh, Rey de Reyes!, ¡Fuente de Compasión que jamás se agota!, recordad cuando sentisteis aquella tremenda Sed por las almas, que Os llevó a exclamar desde la Cruz: "¡Tengo Sed!" Sí, no solamente teníais Sed física, sino Sed insaciable por la Salvación de la Raza Humana.
Por este gesto de Amor por nosotros, Os ruego, ¡oh, Prisionero de nuestro amor!, que inflaméis mi corazón con el deseo de tender siempre hacia la perfección en todos mis actos, que extingáis en mí la concupiscencia de la carne y los deseos de placeres mundanos.
Así sea.
(Padre Nuestro, Ave María y
Gloria)