¡Oh, Doliente Jesús!, ¡oh, incomprensible Segunda Persona de la Trinidad, Esplendor y Figura de Su Esencia!, recordad cuando con gran Voz entregasteis Vuestra Alma a Vuestro Padre Celestial, diciéndoLe: "¡Padre, en Tus Manos encomiendo mi espíritu!"
Vuestro Cuerpo estaba despedazado y Vuestro Corazón destrozado, pero Vuestras Entrañas de Misericordia quedaron abiertas para redimirnos. Así expiraste, ¡oh, Amor Infinito!
Por Vuestra Dolorosa Muerte Os suplico, ¡oh, Rey de Santos y Ángeles!, que me confortéis y ayudéis a resistir al mundo con sus errores, a Satanás con sus perfidias y a la carne con sus vicios, para que así, muerto a los enemigos de mi alma, viva solamente para Vos. Por eso Os ruego, ¡oh, Dulce Redentor y Salvador!, que a la Hora de mi muerte recibáis mi pobre alma desterrada, que regresa a Vos.
Así sea.
(Padre Nuestro, Ave María y
Gloria)