¡Oh, Jesús, Virtud Real y Gozo del alma!, acordaOs del Dolor que sentisteis, sumergido en un Océano de Amargura, al acercarse la Muerte. Insultado y ultrajado por Vuestros verdugos, clamasteis en alta voz que habíais sido abandonado por Vuestro Padre Celestial, diciéndoLe: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Por aquella Angustia que padecisteis en aquellos momentos finales de Vuestra Pasión, Os ruego, ¡oh, nuestro Salvador!, que no me abandonéis durante los terrores y dolores de mi muerte.
Así sea.
(Padre Nuestro, Ave María y
Gloria)