Oración

Santa Brígida, te rogamos nos alcances del Señor, la perseverancia diaria para rezar estas oraciones por las Santas Llagas de Jesucristo. Tráenos de su Divina Misericordia el privilegio de meditarlas y su aprovechamiento espiritual. Intercede ante el Señor para que disfrutemos con gozo de las promesas que contienen, por mediación de Nuestra Santísima Madre. Amén.

Décima quinta oración

 ¡Oh, Vencedor de la Muerte!, ¡Vid Verdadera y Fructífera!, recordad aquel torrente de Sangre que brotó de cada Parte de Vuestro Bendito Cuerpo, igual que la uva exprimida en el lagar.

Desde el lugar de la Flagelación y a través de las calles de Jerusalén, por toda aquella Vía Dolorosa hasta la Colina Sagrada, Vuestra Sangre derramada escribía las Bellas Páginas de la Historia del Corazón que más nos ama...¡El Vuestro! Recordad cómo la Tierra, agradecida pero a la vez espantada, recibía Vuestra Preciosa Sangre. Toda la Naturaleza, de horror temblaba, y los cielos se estremecían; los Ángeles y hasta los demonios se sorprendían ante ¡aquella increíble escena! ¡Todo un Dios moría!

¿Qué era aquello? ¿Qué sucedía? Aquel primer Viernes Santo, ¡oh, Jesús!, ¡abríais el Cielo para la Humanidad pecadora!

Por tres largas Horas Vuestro Cuerpo colgó de la Cruz.

Presentabais un aspecto doliente, triste, todo lleno de Dolor. Vuestra Sangre: aún manando, recorriendo aquella que ya se había secado, que ya se había coagulado. Y a todo esto se adhirió el polvo y la tierra del camino....

Qué tristeza y dolor padecieron María y Juan al contemplar Vuestros Cabellos y Barbas, que ahora daban la impresión de que estaban compuestos de alambres, llenos de Sangre y de tierra. Vuestros Oídos y Nariz, tupidos estaban de Sangre. ¡Hasta Vuestros Ojos y Boca sangraban! En verdad que todos Vuestros Sentidos fueron atrozmente atormentados.

Así inclinasteis la Cabeza y entregasteis Vuestro Espíritu....

Entonces vino Longinos y perforó Vuestro Costado, con tanta violencia que la punta de la lanza casi sale por el otro Costado. Vuestro Corazón, Os lo desgarraron, ¡oh, Jesús!, ese Corazón que ¡tanto nos ama! Y de allí brotó Sangre y Agua, hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna. Vuestro Cuerpo era cual bulto colgado, como un haz de mirra elevado en lo alto de la Cruz. La muy fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada, la Sustancia de Vuestro Cuerpo fue marchitada, y disecada la Médula de Vuestros Huesos. Fue entonces que el Sol y las estrellas negaron su luz, hubo terremotos, y la Naturaleza y los Elementos dieron amplio testimonio de que Aquel que negaron ¡era el Hijo de Dios!

Por esta Amarga Pasión y por la Efusión de Vuestra Divina Sangre, Os suplico, ¡oh, Dulcísimo Jesús!, que recibáis mi alma cuando esté sufriendo en la agonía de mi muerte.

¡Oh, Maravillosa Realidad, escándalo para los infieles, Gozo indescriptible para los que Os amamos!, ese Vuestro Infinito Sacrificio pagó el Rescate, y al resucitar y ascender gloriosamente al Cielo ¡dejasteis bien abiertas las Puertas para aquellos que quisieran seguirOs! ¡Oh, Señor!, por Vuestra Amarga Pasión y Preciosa Sangre Os ruego traspaséis mi corazón para que mis lágrimas de amor, adoración y penitencia sean mi alimento noche y día. Haced que me convierta totalmente a Vos, que mi corazón sea Vuestro perpetuo Lugar de Reposo, que mis conversaciones Os sean siempre agradables, y que al final de mi vida merezca que grabéis, ¡oh, Dios de Amor!, el Sello de Vuestra Divinidad en mi alma, para que tanto el Padre como el Espíritu Santo Os vean bien reproducido en mí y poder así ser contado entre Vuestros Santos para que Os alabe para siempre por toda la Eternidad.

Así sea.

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)

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