¡Oh, Jesús!, ¡oh, Esplendor de la Eternidad!, recordad cuando contemplasteis en la Luz de Vuestra Divinidad las almas de los predestinados, que serían rescatados por los Méritos de Vuestra Sagrada Pasión. También visteis aquella tremenda multitud que sería condenada por sus pecados. ¡Cuánto Os quejasteis por ellos! Os compadecisteis, ¡oh, Buen Jesús!, hasta de aquellos réprobos, de aquellos desafortunados pecadores que no se lavarían con Vuestra Sangre ni se alimentarían con Vuestra Carne Eucarística.
Por Vuestra Infinita Compasión y Piedad, y acordándoOs de Vuestra Promesa al buen ladrón arrepentido, al decirle que aquel mismo día estaría con Vos en el Paraíso, ¡oh, Salud y Alimento de nuestra alma!, mostradme esta misma Misericordia en la Hora de mi muerte.
Así sea.
(Padre Nuestro, Ave María y
Gloria)